viernes, 6 de enero de 2023

*



Ya me rompí, al punto de no poder encontrar mis partes para armarme de nuevo,

entonces creé partes nuevas.

Ya me perdí, y se me fulminó el horizonte arrastrando una noche que pareció ser eterna,

entonces me inventé una nueva casa, indestructible.

Ya me apagué de tal forma, que sentí mi piel opaca y a mis ojos que parecían cerrarse por última vez de tanto llorar, entonces encendí una luz por dentro y me fui de ese lugar.

Ya me agoté, y sentí mis rodillas en carne viva de desear al menos un decanso, entonces miré para otro lado y mis piernas me llevaron solas.

Ya tuve sed al punto de lamer el mar, entonces lo cambié por un arroyo.

Ya vi espejismos enceguecida por viejas creencias,

entonces me paré firme frente al espejo.

Ya busqué afuera, lo que no encontraba adentro, y adorné jaulas, con muchos colores, entonces rompí los barrotes.

Ya me dolió el cuerpo y el corazón, como si les hubieran derrumbado una montaña encima, entonces me hice montaña, para poder contemplar ese derrumbe, hasta que quedó bajo mis pies.

Ya lloré amores que pensé indispensables, hasta que al fin entendí, que esos no eran amores.

Ya me hice a un costado y me quedé sin vereda, entonces me abrí mi propio camino, con muchas calles para mí gente.

Ya creí que no merecía cosas buenas, hasta que de verdad creí en mi, entonces se hicieron presentes como todos los regalos de navidad juntos, debajo de un árbol sencillo.

Ya fui un pájaro sin rumbo, hasta que aparté para mí un pedacito del cielo, libre de las tormentas que no me pertenecen.

Ya fui todo lo que pude, y lo que no pude, lo fui también.

Pero no tengo un solo reproche con mi alma, porque cada cosa que hice fue una parte del rompecabezas que estoy a punto de terminar.

Quizás algunas piezas sean más difíciles, quizás algunas noches no quiera mover ninguna y otras moverlas todas a la vez.

Pero veo sobre la mesa toda esa imagen, tan frágil y fuerte al mismo tiempo, que finalmente veo mi corazón, sin vidrios sucios, y escucho con claridad la frase exacta que me dije en cada momento en el que no supe que hacer: "Sos una buscadora"

Fuiste una buscadora.

Hoy es hora de encontrar esas respuestas, sin ninguna búsqueda.

Ellas me encuentran.


Descalza

@cinwololo

martes, 27 de septiembre de 2022

jueves, 21 de julio de 2022

sábado, 16 de julio de 2022

Otoño. Que sea otoño. Que sea otoño y que llueva. Mucho. Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato. Que haya un gato, y que sea negro y mire amarillo y se enrosque y nos enseñe un poco a vivir. Pero por sobre todas las cosas que sea otoño. Que le falte un vidrio a la ventana. Que entren por ese hueco el frío y la lluvia. Que tengas ganas de besarme. Muchas ganas. Que sea otoño. Otoño y que llueva. Que una mujer te esté esperando en otra parte. Y no vayas. que sea otra vez otoño. Y te quedes. Otoño y que llueva. Que no vayas. Que te quedes conmigo. Que sea otoño otra vez y te quedes.

Marc, la sucia rata, José Sbarra.

jueves, 14 de julio de 2022

    No puedo dejar de llover.

martes, 7 de junio de 2022

Cómo hacerte saber..

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo,
que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo,
que nadie establece normas salvo la vida,
que la vida sin ciertas normas pierde forma.
 
Que la forma no se pierde con abrirnos,
que abrirnos no es amar indiscriminadamente,
que no está prohibido amar,
que también se puede odiar.
 
Cómo hacerte saber que nadie establece
normas salvo la vida.
 
Que el odio y el amor son afectos,
que la agresión porque sí, hiere mucho,
que las heridas se cierran,
que las puertas no deben cerrarse.
 
Que la mayor puerta es el afecto,
que los afectos nos definen,
que definirse no es remar contra la corriente,
que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.
 
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,
que negar palabras implica abrir distancias,
que encontrarse es muy hermoso,
que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
 
Que la vida parte del sexo,
que el porqué de los niños tiene un porqué,
que querer saber de alguien no sólo es curiosidad,
que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
 
Que nunca está de más agradecer,
que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,
que nadie quiere estar solo,
que para no estar solo hay que dar.
 
Que para dar debimos recibir antes,
que para que nos den también hay que saber cómo pedir,
que saber pedir no es regalarse,
que regalarse es en definitiva no quererse.
 
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos,
que para que alguien sea hay que ayudarlo,
que ayudar es poder alentar y apoyar,
que adular no es ayudar.
 
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta a la cara,
que las cosas cara a cara son honestas,
que nadie es honesto porque no roba,
que el que roba no es ladrón por placer.
 
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se está viviendo,
que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,
que se puede estar muerto en vida,
que se siente con el cuerpo y la mente.
 
Que con los oídos se escucha,
que cuesta ser sensible y no herirse,
que herirse no es desangrarse,
que para no ser heridos levantamos muros.
 
Que quien siembra muros no recoge nada,
que casi todos somos albañiles de muros,
que sería mucho mejor construir puentes,
que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
 
Que volver no implica retroceder,
que retroceder puede ser también avanzar,
que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.
 
Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida.

M. Benedetti

lunes, 30 de mayo de 2022

*

Aprendí (en palabras de Pedro Aznar)

Aquí estoy, casi treinta años después
de los cuarenta más que me daba
ni imaginando lo rápido que pasarían
Ahora pido treinta más
porque el viaje lo vale
a pesar de las noches de insomnio
las pequeñas y grandes decepciones
las pinzas del dentista
y el reggaetón.
Me preguntaba si habría aprendido algo para ese “entonces”
que resulta ser hoy
y me respondo que algo sí.
Aprendí que vivir con miedo
escondiendo el corazón
o pendiente de agradar
es la mayor traición a la verdadera esencia;
que aunque el esfuerzo por tomar el camino más largo
y difícil
sea agotador
es mucho mejor que morder el anzuelo
de lo que te hipoteca el alma.
Aprendí que el amor no puede todo
y que por mucho que se ame
a veces hay que decir basta y cerrar la puerta
de lo que no hace crecer
o de lo que lastima;
que la pasión que uno trajo al mundo
es para darla a manos llenas a los otros
porque ahí está el brillo del espíritu
en su plenitud
y que el que lo ostenta como lustre
de su ego
no entendió a qué vino.
Estos años trajeron angustias y desasosiegos,
claro,
aunque debo admitir que fueron menos
que las alegrías
y que se alimentaron, siempre,
de mi miopía,
de los árboles que me tapaban el bosque.
Aprendí a ser solo
y a estar solo,
que no son lo mismo.
Estoy solo desde que se fueron mis viejos,
esa ancla bendita
que lo hace a uno sentir
que la gravedad es suficiente para mantener los pies
sobre la tierra.
Soy solo ante mí
y ante Dios
(no importa cómo lo describa o sienta
porque también cambió cómo lo veo y vivo)
y esa soledad de vivirme
queriéndome
(aunque siempre me reproche algo
y me esté exigiendo cambios)
me abre al otro
a quien no se puede ver
cuando se está en guerra
con uno mismo.
Aprendí que somos un puñado de aprendices
en todo
pero que cuando tendemos la mano
todo se multiplica para bien;
que las convicciones hay que defenderlas con orgullo
siempre y cuando hayamos revisado
que aspiren al bienestar de todos
y aún así
dispuestos a volver al tablero
una y otra y otra vez
porque ninguna verdad
es de acero
ni ninguna posición debe volverse indiscutible.
Aprendí que lo que queremos
puede tardar en llegar
o no llegar a verlo nunca
pero que haberlo anhelado
y trabajado incansablemente
para hacerlo realidad
es un sentido de la vida;
que tratar de dejar este jardín
más bello y fértil
que como lo encontramos
es una buena guía
para andar el camino.
Aprendí de lo oscuro que me habita
y a abrazarlo
antes que negarlo,
ya que ocultarlo siempre lleva a engendrar
peores monstruos;
que el miedo que me da, hoy, la muerte
es muy distinto
y no pasa por durar
en el tiempo
sino por la pena
de que un día la posibilidad de descubrir
y asombrarme
y compartir
termine,
el dolor de una hoja en blanco
que yá no se llenará de garabatos
para comunicar
cómo se ve desde aquí adentro.
Aprendí que hay gente
a la que no le importa el otro
porque no lo ve
y que eso mismo le habilita
los circuitos de la mezquindad más peligrosa.
Ante eso me levanto
y denuncio
aunque yo mismo caiga, a veces,
en la misma trampa.
Aprendí también a no vivir
tan necesitado de respuestas,
la juventud me vio pasar
con un hambre insaciable
de saber,
como si hubiera una llave
o un mapa del tesoro
para encontrar el gran secreto
y sólo eso fuera a darme
paz.
Hoy, con el caballo más manso,
alcanzo a vislumbrar una verdad
más humilde
más de un día a día
más humana,
una lucecita que dura
lo que tenga que durar, en uno
pero que
compartida
no se muere nunca:
una verdad de mi mano en tu mano
de mis ojos enlazados con los tuyos
de poema que danza
de música que sueña
de vino que transmuta
una verdad de beso de buenas noches
de caricia a un animal que duerme
de barricada a la injusticia
de canto de amor
para la Tierra.