jueves, 14 de julio de 2022

    No puedo dejar de llover.

martes, 7 de junio de 2022

Cómo hacerte saber..

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo,
que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo,
que nadie establece normas salvo la vida,
que la vida sin ciertas normas pierde forma.
 
Que la forma no se pierde con abrirnos,
que abrirnos no es amar indiscriminadamente,
que no está prohibido amar,
que también se puede odiar.
 
Cómo hacerte saber que nadie establece
normas salvo la vida.
 
Que el odio y el amor son afectos,
que la agresión porque sí, hiere mucho,
que las heridas se cierran,
que las puertas no deben cerrarse.
 
Que la mayor puerta es el afecto,
que los afectos nos definen,
que definirse no es remar contra la corriente,
que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.
 
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio,
que negar palabras implica abrir distancias,
que encontrarse es muy hermoso,
que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida.
 
Que la vida parte del sexo,
que el porqué de los niños tiene un porqué,
que querer saber de alguien no sólo es curiosidad,
que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.
 
Que nunca está de más agradecer,
que la autodeterminación no es hacer las cosas solo,
que nadie quiere estar solo,
que para no estar solo hay que dar.
 
Que para dar debimos recibir antes,
que para que nos den también hay que saber cómo pedir,
que saber pedir no es regalarse,
que regalarse es en definitiva no quererse.
 
Que para que nos quieran debemos mostrar quienes somos,
que para que alguien sea hay que ayudarlo,
que ayudar es poder alentar y apoyar,
que adular no es ayudar.
 
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta a la cara,
que las cosas cara a cara son honestas,
que nadie es honesto porque no roba,
que el que roba no es ladrón por placer.
 
Que cuando no hay placer en hacer las cosas, no se está viviendo,
que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte,
que se puede estar muerto en vida,
que se siente con el cuerpo y la mente.
 
Que con los oídos se escucha,
que cuesta ser sensible y no herirse,
que herirse no es desangrarse,
que para no ser heridos levantamos muros.
 
Que quien siembra muros no recoge nada,
que casi todos somos albañiles de muros,
que sería mucho mejor construir puentes,
que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
 
Que volver no implica retroceder,
que retroceder puede ser también avanzar,
que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.
 
Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida.

M. Benedetti

lunes, 30 de mayo de 2022

*

Aprendí (en palabras de Pedro Aznar)

Aquí estoy, casi treinta años después
de los cuarenta más que me daba
ni imaginando lo rápido que pasarían
Ahora pido treinta más
porque el viaje lo vale
a pesar de las noches de insomnio
las pequeñas y grandes decepciones
las pinzas del dentista
y el reggaetón.
Me preguntaba si habría aprendido algo para ese “entonces”
que resulta ser hoy
y me respondo que algo sí.
Aprendí que vivir con miedo
escondiendo el corazón
o pendiente de agradar
es la mayor traición a la verdadera esencia;
que aunque el esfuerzo por tomar el camino más largo
y difícil
sea agotador
es mucho mejor que morder el anzuelo
de lo que te hipoteca el alma.
Aprendí que el amor no puede todo
y que por mucho que se ame
a veces hay que decir basta y cerrar la puerta
de lo que no hace crecer
o de lo que lastima;
que la pasión que uno trajo al mundo
es para darla a manos llenas a los otros
porque ahí está el brillo del espíritu
en su plenitud
y que el que lo ostenta como lustre
de su ego
no entendió a qué vino.
Estos años trajeron angustias y desasosiegos,
claro,
aunque debo admitir que fueron menos
que las alegrías
y que se alimentaron, siempre,
de mi miopía,
de los árboles que me tapaban el bosque.
Aprendí a ser solo
y a estar solo,
que no son lo mismo.
Estoy solo desde que se fueron mis viejos,
esa ancla bendita
que lo hace a uno sentir
que la gravedad es suficiente para mantener los pies
sobre la tierra.
Soy solo ante mí
y ante Dios
(no importa cómo lo describa o sienta
porque también cambió cómo lo veo y vivo)
y esa soledad de vivirme
queriéndome
(aunque siempre me reproche algo
y me esté exigiendo cambios)
me abre al otro
a quien no se puede ver
cuando se está en guerra
con uno mismo.
Aprendí que somos un puñado de aprendices
en todo
pero que cuando tendemos la mano
todo se multiplica para bien;
que las convicciones hay que defenderlas con orgullo
siempre y cuando hayamos revisado
que aspiren al bienestar de todos
y aún así
dispuestos a volver al tablero
una y otra y otra vez
porque ninguna verdad
es de acero
ni ninguna posición debe volverse indiscutible.
Aprendí que lo que queremos
puede tardar en llegar
o no llegar a verlo nunca
pero que haberlo anhelado
y trabajado incansablemente
para hacerlo realidad
es un sentido de la vida;
que tratar de dejar este jardín
más bello y fértil
que como lo encontramos
es una buena guía
para andar el camino.
Aprendí de lo oscuro que me habita
y a abrazarlo
antes que negarlo,
ya que ocultarlo siempre lleva a engendrar
peores monstruos;
que el miedo que me da, hoy, la muerte
es muy distinto
y no pasa por durar
en el tiempo
sino por la pena
de que un día la posibilidad de descubrir
y asombrarme
y compartir
termine,
el dolor de una hoja en blanco
que yá no se llenará de garabatos
para comunicar
cómo se ve desde aquí adentro.
Aprendí que hay gente
a la que no le importa el otro
porque no lo ve
y que eso mismo le habilita
los circuitos de la mezquindad más peligrosa.
Ante eso me levanto
y denuncio
aunque yo mismo caiga, a veces,
en la misma trampa.
Aprendí también a no vivir
tan necesitado de respuestas,
la juventud me vio pasar
con un hambre insaciable
de saber,
como si hubiera una llave
o un mapa del tesoro
para encontrar el gran secreto
y sólo eso fuera a darme
paz.
Hoy, con el caballo más manso,
alcanzo a vislumbrar una verdad
más humilde
más de un día a día
más humana,
una lucecita que dura
lo que tenga que durar, en uno
pero que
compartida
no se muere nunca:
una verdad de mi mano en tu mano
de mis ojos enlazados con los tuyos
de poema que danza
de música que sueña
de vino que transmuta
una verdad de beso de buenas noches
de caricia a un animal que duerme
de barricada a la injusticia
de canto de amor
para la Tierra.

jueves, 12 de mayo de 2022

Aprender a irnos.

 Algo que leí por ahí. 

"Los lugares son energía pura,
son como un cajoncito donde guardamos momentos.
Cada cosa que ocupa un lugar por más material que sea tiene más valor que precio, es el alma que le pusimos al cuadro que colgamos, el color de las cortinas que pusimos pensando en los rayos del sol, la planta que creció, el mate que se enfrió porque cerraste los ojos para escuchar el viento.
Crecer, como un árbol que hay que ir cambiando de maceta hasta que finalmente llega a la tierra.
Los lugares a veces son como las estaciones, hay que pasar de uno a otro a medida que nos va cambiando el tiempo.
A veces agradecer y seguir rumbos nuevos.
Los lugares tienen vida, tienen sueños, por momentos tanta paz, tanto amor a la comunión que nace de esa soledad con los rincones.
Pero a veces nos sentamos y nos damos cuenta en un segundo que si bien el sol sigue entrando por la ventana, ya no pertenecemos a ese mundo.
Ya debemos irnos, dejar el lugar y permitir que el lugar nos abandone a nosotros, si no no tiene sentido.
Hay que gente que se va pero se lleva las toneladas de ladrillos a cuestas.
Irnos, a pintar nuevos soles y sembrar nuevos campos.
Irnos, a abrazar rincones y encontrarnos con lugares que nos esperan, quizás desde lejos desde siempre, como diría Silvio Rodríguez en su canción.
Irnos, muchas veces es una manera de quedarnos con nosotros.
Y ese árbol que dejás llenándose de color rojo en otoño, seguramente sea sombra del mate de alguien más que llegará con su historia a atesorar momentos.
Habrás hecho crecer al árbol pero ya no será tuyo. Será de la vida.
Irnos con lo que llena el corazón,
Con la fortuna del amor, en cualquiera de sus formas.
Irnos para aprender a quedarnos, quizás alguna vez en ese lugar que sin saberlo todavía, es nuestra última estación ,esa, donde siempre es primavera.


Irnos, agradecer.
Darnos la bienvenida a nuestro mundo y a quienes también se fueron para encontrarse, y se toparon con nuestro camino, para compartir el viaje.
Irnos para aprender a quedarnos, en lo real."

jueves, 21 de abril de 2022

lunes, 18 de abril de 2022



19 hs tomando los últimos matecitos del día, segunda ronda. El pasto mullido, unas nubes grises entrecortadas cubriendo parcialmente el techo de estrellas. El cielo me contaba que estabas haciendo.. y yo escuchaba atentamente con una leve sonrisa, entre nostalgia y melancolía, sorbiendo el último mate. A unos metros, un grupito de amigos, riendo fuerte entre mates, charla y vino. Un chico se despide y camina por enfrente de donde yo estaba. Me mira, se queda unos segundos mirándome. Lo miro. Y se pronuncia muy simpático -"Hola, como estas?" -"Todo bien y vos?" Le respondo sorprendida. Me sonríe y sigue caminando con un termo en la mano. Yo ya me estaba yendo también, agarré mi mochila, mi mate y caminé en dirección al chico, sin querer quererlo lo alcancé y me vuelve a hablar.. -"Levantando campamento?" -"Si ya está por hoy, se me terminó el agua jaja" -"Gracias por saludarme, fue un lindo gesto, no mucha gente interactúa con desconocidos porque si" -"Es que te vi los rulos, y me llamaron la atención, por eso te saludé" Me reí. Y seguimos charlando mientras caminábamos para el mismo lado. Insistí... "Fue un lindo gesto, me puso contenta." Siempre hay gente sola con su libro, mate, celular y ya no se da tan común mirarse entre desconocidos y porque si, interactuar, saludarse, conectar. Quizás no vuelva a ver nunca más a esa persona. Quizás si. Pero me lleve una sonrisa y un reconocimiento. Ojalá fuéramos todos un poco más así. Aunque nos guste el silencio y andar solos, está bueno de vez en cuando mirarse a los ojos ,notar al otre, pensarse, aunque no le conozcas. Levantar la mirada y ver que hay más allá de una red social. (por decir, hoy en día es lo que más nos absorbe)

viernes, 16 de noviembre de 2012




"....Las emociones producen péptidos o moléculas de emoción que se concatenan con los receptores de las células. Lo mismo sucede con el uso repetitivo de la heroína ocurre con el uso reiterativo de la misma emoción: los receptores opiáceos del cuerpo empiezan a esperar, hasta implorar ese péptido en particular. Entonces el receptor se convierte en adicto a dicha emoción, esto explica por qué experimentamos estados emocionales destructivos;

repetimos las mismas situaciones una y otra vez, nos sentimos incapaces
para cambiar, impotentes para crear ciertas respuestas emocionales, y
decimos que nunca volveremos
a hacer algo y en poco tiempo lo estamos
haciendo nuevamente
...."


Hasta que damos vuelta la llave interna que estaba trabada y dejamos d darle tanta importancia a las cosas que no merecen tanta
para empezar a ver la vida desde otra perspectiva y encontrarse con la realidad de uno mismo en el espejo que antes la distorsionaba.